Hay muchas maneras de conseguir el éxito en el negocio, pero no cabe duda que, sea cual sea el sector al cual se dedica, la empresa tendrá éxito si sabe fomentar la innovación, desarrollar un excepcional talento y lograr un alto grado de reconocimiento de la marca.
En resumen, si sabrá aplicar la creatividad de forma positiva a diferentes vertientes del negocio.
No es un misterio que empresas como Google, Facebook o Apple afirman que la creatividad es una de las habilidades directivas que más valoran a la hora de contratar. Según un estudio sobre la creatividad en el management elaborado por Forrester Consulting en 2014 en el que se entrevistó a directivos senior de más de 300 multinacionales,
- Las empresas que fomentan la creatividad lograr un mayor crecimiento de sus ingresos. Las empresas que fomentan la creatividad obtuvieron en 2013 un 10 % o incluso más de ingresos que en 2012. En contraste, sólo el 20 por ciento de las empresas donde no se fomenta la creatividad obtuvieron resultados similares.
- Las empresas creativas gozan de una mayor cuota de mercado y un liderazgo competitivo. Las empresas creativas son más propensas a presentar una posición de liderazgo de mercado con una cuota de mercado superior a los competidores.
- A pesar de los beneficios que la creatividad ofrece, el 61% de los directivos entrevistados no ven a sus empresas como creativas. Sólo el 11% de los ejecutivos entrevistados reconoce que las prácticas que se llevan a cabo en sus empresas están orientadas hacia tácticas creativas.
- Las empresas creativas ganan reconocimiento como el mejor lugar para trabajar. Un ambiente de trabajo positivo es un terreno fértil para la creatividad. El 69% de las empresas creativas afirmaron haber ganado premios y reconocimiento a nivel nacional por ofrecer "mejores lugares de trabajo." Sólo el 27% de empresas menos creativas lograron resultados similares.
El mundo, la sociedad y los consumidores, evolucionan y cambian costumbres de consumo a una rapidez inimaginable hace solo 20 años. Las rápidas y profundas transformaciones que ha sufrido nuestro entorno en las últimas décadas, la imprevisibilidad de los cambios, la agitación de los acontecimientos, nos han convertido en "espectadores globales", y la profunda reorganización de la economía mundial ha generado cambios fundamentales tanto en el sistema político como en las formas de organización social.
El resultado de estos procesos es la aparición de una nueva complejidad, frente a la que nuestros viejos instrumentos de análisis resultan insuficientes, obligándonos a construir nuevos conceptos con los que interpretar las transformaciones actuales del mundo, así como las tendencias que rigen la configuración de futuro. Todas las empresas, independientemente de su tamaño, tendrán que readaptarse continuamente, ser más flexibles y aprender a reinventarse en ciclos de tiempo siempre más breves. La adecuación a esta nueva situación conlleva un proceso múltiple de adaptaciones estructurales y estratégicas que no se improvisa: se diseña.
Cada innovación, por pequeña que sea, impone un aprendizaje, y cada aprendizaje es un camino con múltiples bifurcaciones. Ser diseñador hoy significa provocar acciones que motiven un cambio, incluso en la forma de usar lo que ya tenemos, no necesariamente produciendo objetos nuevos.
El diseño tiene que ver con la transformación del mundo y, por ello, es una disciplina en continua renovación. El diseñador, en este sentido, ejerce de conector entre las necesidades de la sociedad y el mundo de la industria, siendo el que se sitúa privilegiadamente entre los saberes y las sensibilidades de la sociedad, entre las ideas y su puesta en práctica. Es un motor económico al fomentar la conexión entre los distintos entornos creativos, sociales y empresariales.
Citando a Montse Cuesta, quien fue directora de Architectural Digest: “El diseño es la salvación, y la innovación es la única estrategia.”