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Fabio Juliá (ICIQ), el investigador dispuesto a hacer avanzar a la Química "ante su gran encrucijada"

El group leader junior del Instituto Catalán de Investigación Química, ha sido reconocido con el premio Joven Investigador 2022 otorgado por Lilly y la Real Sociedad Española de Química
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El investigador Fabio Juliá. (Imagen: Lilly).

El Premio ‘Joven Investigador’, que anualmente entregan Lilly y la Real Sociedad Española de Química (RSEQ), ha distinguido la excelencia científica de Fabio Juliá. Group leader junior del Instituto Catalán de investigación Química (ICIQ), el investigador, Licenciado en Química por la Universidad de Murcia, comenzó su carrera investigadora en esa institución, donde realizó sus estudios de máster y doctorado en el Grupo de Química Organometálica (2011-2016), por el que recibió el premio a la Mejor Tesis en Fotoquímica por la RSEQ. Antes de recalar en el ICIQ, ha desarrollado su trabajo en la Universidad de Michigan, la Universidad de Manchester y el Max Planck Institute de Alemania.

En su laboratorio, tratan de desarrollar reacciones químicas empleando luz visible como fuente de energía. “Las moléculas se comportan de un modo distinto cuando se irradian con luz, una reacción que explotamos para conseguir procesos que serían imposibles mediante procesos convencionales”, explica Fabio Juliá a Innovaspain. De este modo, logran llevar a cabo transformaciones químicas “más rápidas, limpias y eficientes”.

El éxito de esta investigación puede ser crucial en la obtención de productos útiles para todos. “Hablamos de nuevas medicinas, compuestos agroquímicos o dispositivos electrónicos. La invención de nuevas reacciones químicas sostenibles a largo plazo es fundamental para nuestro desarrollo futuro. Creo que el uso de una fuente inagotable de energía como la luz visible es un paso en la dirección correcta para alcanzar esa meta”.

Nuevos materiales

Su trabajo, enmarcado en un cambio de paradigma más amplio, llega en un momento de máxima relevancia. “Al igual que la sociedad se enfrenta a un régimen energético distinto, que sustituye los combustibles fósiles por energías renovables, la química se encuentra en una encrucijada similar”. El investigador alude a cómo, hasta ahora, la preparación de medicinas o materiales que usamos a diario se ha llevado a cabo gracias a unas sustancias llamadas catalizadores, basadas en metales “escasos, caros y tóxicos”.

“Si queremos salvaguardar el estado de bienestar -añade Juliá- debemos inventar alternativas empleando metales inagotables, más sostenibles tanto en el plano económico como en el medioambiental”. El investigador admite que conseguirlo “de la noche a la mañana” es difícil (los actuales catalizadores son el resultado de décadas de investigación), pero que en el último lustro se ha avanzado “a pasos agigantados”, demostrando que el objetivo “está cada vez más cerca”.

Y es que los nuevos procesos que Fabio Juliá y su equipo tratan de idear están siempre orientados a tener un impacto global. “Buscamos un uso lo más generalizado posible ya sea en el ámbito industrial o académico”, señala. “Es relativamente habitual que una nueva reacción química que inventamos pueda ser utilizada en cualquier lugar del mundo casi de inmediato. De hecho, varios de estos procesos ya han sido implementados en farmacéuticas multinacionales. Proporcionan un acceso mucho más rápido y eficiente a las sustancias candidatas a nuevos fármacos. Así, aceleramos el descubrimiento de nuevas medicinas y tratamientos”.

Toque de atención a los quimiofóbicos

Su vocación científica se despertó en el instituto. “Siempre me gustaron las ciencias y supe que estudiaría algo relacionado con el ámbito científico”. Le interesaba la biología; saber más sobre los engranajes de los mecanismos que integran el cuerpo humano. “Más tarde me atrajo también la química, que va más allá al permitirnos comprender cómo funciona todo a nivel molecular y, lo que es más importante, crear nuevas moléculas que no existían”. La llama terminó de encenderla un hermano tres años mayor. “También es investigador, así que me contaba de primera mano sus experiencias en el laboratorio”.

Juliá rompe una lanza en favor de la Química como actor principal en el desarrollo de la sociedad “Frecuentemente, su papel está en la sombra e incluso es denostado”, asegura. “Poca gente sabe que lograr nuevos fármacos suele estar restringido por el acceso a moléculas candidatas a convertirse en medicinas. De ahí que el descubrimiento de reacciones químicas inéditas, que posibiliten un acceso más rápido y eficiente a estas moléculas, tiene un gran impacto en la posterior cura de enfermedades". Y hay más. "Por ejemplo, una sola reacción química, el proceso Haber-Bosch, hace posible la alimentación de un 40 % del planeta. Los quimiofóbicos olvidan todo esto en sus discursos. Pese a que sus argumentos tienen escala validez científica, calan fácilmente en la sociedad”.    

Hacer ciencia en España

Su visión del estado actual de la ciencia en España es moderadamente optimista y mira al futuro con dudas razonables. “Creo que, al menos al nivel presupuestario, estamos ligeramente mejor que hace unos años gracias a los fondos de recuperación europeos. Queda por saber si está apuesta será continuada en el tiempo. No olvidemos que nuestro porcentaje del PIB invertido en ciencia está muy por debajo del de otros países. Las medidas sólo serán efectivas mediante un plan estable de ciencia durante años”. 

Como otros colegas, Fabio Juliá señala que la pandemia ha demostrado de lo que es capaz la investigación cuando se financia adecuadamente. “Pudimos descifrar un virus nuevo y desarrollar vacunas en tiempo record. Además de financiación, hace falta ofrecer un sistema más estable y menos precario, que sea atractivo para atraer investigadores de élite a España y dotarles de recursos”.

Percibe además mejores intenciones a la hora de tender puentes entre el mundo académico y el industrial, pero afirma que aún estamos muy lejos de otros países. “La causa la encontramos en defectos sistémicos en ambas partes. En el mundo académico, sobre todo en la universidad, las cargas administrativas y lectivas no permiten a un investigador tener tiempo para pensar en colaboraciones. Por otra parte, la industria debe avanzar en una idea: financiar y colaborar con investigadores e instituciones públicas genera valor añadido para la empresa y resuelve problemas que se traducen en beneficios económicos y sociales”.

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