Un traje con estimuladores electricos para el entrenamiento de astronautas. Una incubadora con mejoras para los bebés prematuros. Un invernadero hidropónico que permita cultivar vegetales utilizando menos suelo. Una aplicación para ayudar a que las personas mayores aprendan el uso de nuevas tecnologías. Son solo algunos de los retos que han tenido que afrontar los alumnos de Primaria y Secundaria que han participado durante la última década en el programa FIRST Lego League (FLL). Y, además de todo ello, diseñar un robot.
Esta competencia internacional, que plantea a los estudiantes un desafío científico y real para que lo investiguen por equipos, llegó a España en 2006. Cataluña, Madrid y Navarra fueron las tres primeras comunidades autónomas que participaron en esta iniciativa educativa, a la cual no tardo en sumarse Euskadi. Diez años después, este programa de formación, planteado a modo de competición deportiva, continúa despertando vocaciones tecnológicas entre los alumnos del País Vasco.
“Aunque tenga formato de torneo, la importancia no reside en ganar, sino en todo el proceso de aprendizaje que supone la preparación de los proyectos que se presentan, además de los contactos que se generan, ya que los chicos se relacionan con empresas, agentes científico-tecnológicos, entidades sociales, etc.”, afirma Alaitz Landaluze, directora del área de Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación de Innobasque. “Ahí está la riqueza”.
Es precisamente la Agencia Vasca de la Innovación la promotora de esta iniciativa en Euskadi. Y es que en cada comunidad autónoma hay una entidad organizadora determinada. Los ganadores regionales pasan a la fase nacional –que lleva a cabo FLL España junto a la Fundación Scientia–, donde se elige a los que pasarán a las finales europeas y mundiales. No hay que olvidar que se trata de un programa en el participan 500.000 jóvenes de 98 países distintos.
En el caso del País Vasco, durante estos 10 años más de 6.000 estudiantes de Primaria y Secundaria, provenientes de 44 centros educativos, han dado vida a un programa formativo de referencia en educación STEAM (acrónimo inglés para ciencia, tecnología, artes y matemáticas).
Landaluze destaca “cómo ha ido creciendo” esta competencia a lo largo de la última década. “Empezamos como un torneo de unas dimensiones muy pequeñas, donde básicamente participaron en torno a 20 equipos –recuerda–. El último año hemos tenido un nivel de participación muy alto, con más de 2.500 escolares en una sola edición. De hecho, somos el torneo más grande de los 31 que se organizan en todo el Estado”.
Todo ello no hubiera sido posible, añade, sin “la receptividad que ha tenido por parte de los colegios”, que han sido capaces de ver la FIRST Lego League como “un programa educativo que le está siendo de utilidad”. Tampoco se olvida la representante de Innobasque de “el nivel de compromiso” que tienen los más de 200 voluntarios y de la red de patrocinadores y colaboradores que se ha ido consolidando.
Toda una experiencia
El acto oficial de celebración de esos diez años de FLL Euskadi tuvo lugar a mediados de septiembre, cuando el lendakari Iñigo Urkullu recibió en la sede de Lehendakaritza del Gobierno Vasco a escolares del Colegio El Regato, de Barakaldo, y Axular Lizeoa, de Donostia, para que le enseñaran sus robots y proyectos científicos. Ambos centros llevan participando en este evento educativo toda una década, desde su puesta en marcha en el País Vasco.
Nada sería posible sin la labor que desarrollan los centros educativos, que son motores y, al mismo tiempo, beneficiarios de la FLL. “Se ha ido impregnando todo el centro escolar de esa cultura”, afirma Aitor Uriondo, director de Axular Lizeoa, quien también destaca la participación en el programa junior para niños y niñas de entre 6 a 9 años.
“Les aporta un grado de motivación que es el motor del aprendizaje –afirma–. Un niño motivado aprende mucho más y proyectos como este encienden esa gasolina motivacional entre nuestro alumnado”. Su reflexión va más allá de los contenidos teóricos, ya que los jóvenes también adquieren otro tipo de competencias, por ejemplo, en el campo de la comunicación. No hay que olvidar que los participantes tienen que exponer sus ideas ante el jurado y el público. Y lo hacen hasta en tres idiomas (euskera, castellano e inglés).
Más allá de los éxitos alcanzados en la competición, todos los centros destacan el proceso de aprendizaje. “Lo importante es la experiencia que se llevan los alumnos”, asegura Garikoitz Alvarez, profesor de Colegio El Regato. “Les engancha porque al final es absolutamente suyo el producto –detalla–. Nosotros, los entrenadores, les guiamos, pero nunca les decimos lo que tienen que hacer”.
Aportación del voluntariado
La parte más tecnológica de la FIRST Lego League hace referencia al diseño de un robot que sea capaz de enfrentarse a una serie de misiones que se desarrollan en una mesa con una configuración determinada (la misma en todo el mundo). Los árbitros son los responsables de que esta prueba se desarrolle según las condiciones marcadas, con el fin de que se compita en igualdad de condiciones en cualquier parte del mundo.
“Las valoraciones que hacemos son totalmente objetivas”, afirma Koldo Olaskoaga, jefe de árbitros en las diez ediciones de los torneos de la FLL Euskadi –incluso previamente fue juez en Navarra–. Este profesor de FP decide dedicar parte de su tiempo libre, a modo de voluntariado, para un evento que, más allá de impulsar posibles vocaciones científicas, provoca lo que él llama “cambios colaterales”. Se refiere al trabajo en grupo y a la inclusión, a “personas que, al sentirse integradas en un equipo, ven que se les ha mejorado muchas cosas”.
En el caso de la intervención de los jueces sí que puede entrar más en juego la subjetividad, ya que son los encargados de valorar la exposición que hacen los alumnos de su proyecto científico, dirigido a resolver la problemática que se plantea cada año. “Se trata de escucharles, darles un feedback muy positivo y ponerles nota, que es la parte más complicada porque han invertido mucho tiempo e ilusión y es una gran responsabilidad”, afirma Lorena Fernández, jueza de la FLL y científica de la Junior.
“Los proyectos que presentan son impresionantes –continúa–. Hacen un trabajo increíble y la responsabilidad es elegir quién gana en cada categoría”. Ella define la FLL como un “subidón de energía”. “Ves a gente muy joven con unas capacidades enormes y haciéndote unas propuestas estupendas a las que han dedicado mucho tiempo y esfuerzo”.
“Al final somos un referente para esos chicos y chicas”, añade. En este sentido, afirma que “cada vez es mayor la presencia de mujeres en los equipos”. “De hecho el año pasado el equipo ganador estaba compuesto exclusivamente por chicas y ves que es una manera de engancharlas y que vean la potencialidad de la ciencia y la tecnología para resolver problemáticas sociales”, añade.