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Francisco Herrera: “A nivel cognitivo, la IA igualará o superará a la inteligencia humana en la próxima década”

Pionero en España de la inteligencia artificial (se doctoró en 1991), el catedrático del Departamento de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Granada, ha participado en el XVII ‘Ciclo de conferencias y debates en ciencias’ organizado por la Fundación Ramón Areces y Springer Nature
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Francisco Herrera, la semana pasada en la Fundación Ramón Areces. Imagen: Fundación Ramón Areces.

“Era un mundo diferente. Nos consideraban algo así como los teóricos de la informática, dedicados a un trabajo casi de laboratorio. Pero, en aquella inteligencia artificial, encontramos las bases de la tecnología actual”. Francisco Herrera, catedrático del Departamento de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Granada, recuerda así los pasos iniciales de su trayectoria investigadora en un contexto, el comienzo de la década de los 90, en el que doctorarse en IA era una rareza. 

“La revolución que vivimos hoy empieza en los años 50, cuando nace el término inteligencia artificial”, añade. “La IA es fruto de un recorrido en el que asistimos a varios hitos. Yo mismo basé mi tesis en la lógica difusa y en la Universidad de Granada estudiábamos redes neuronales y aprendizaje automático siguiendo los fundamentos que han llevado a los profesores John Hopfield y Geoffrey Hinton a ganar en 2024 el Premio Nobel de Física”.

Charlamos con Herrera en la Fundación Ramón Areces. El también director del Instituto Andaluz Interuniversitario de Data Science & Computational Intelligence (DaSCI), es uno de los expertos que ha participado en el XVII ‘Ciclo de conferencias y debates en ciencias’ organizado por la fundación y Springer Nature. Esta edición ha sido coordinada por Erika Pastrana, vicepresidenta de las revistas Nature Research

Una tecnología transformadora

El experto apunta que un primer gran salto, “transformador”, para lograr modelos de IA más potentes vino de la mano del incremento de la capacidad computacional. Las GPU, circuitos electrónicos especializados, diseñados originalmente para acelerar la creación de imágenes y videos, aceleran los procesos de entrenamiento e inferencia. Los modelos de IA se desarrollan e implementan con más agilidad. “En este punto fueron importantes los avances del propio Hilton y de Yann LeCun, actual científico jefe de la IA en Meta. Después, ya entrado el siglo XXI, el Big Data y los gemelos digitales han provocado que el mercado eclosione y que la IA sea aplicada a la salud, la banca, los seguros, el marketing o la industria”.

En el año III de Chat GPT, Francisco Herrera percibe que la tecnología ligada a la IA, más madura, empieza a asentarse de manera natural. “Pasa algo parecido a lo ocurrido con la radio primero o la TV después, con una diferencia clave: la inteligencia artificial, además de ser una innovación trasversal, tiene la capacidad de aprender y mejorar. Ese es el gran cambio”. 

Tiempo de centauros

¿Y a partir de ahora? En los próximos años, Herrera aboga por volcar esfuerzos en la construcción de una cointeligencia sólida. “Es lo que defiende Ethan Mollick: vivir y trabajar con la IA; tomar decisiones juntos. Por ejemplo, en el ámbito médico, hablaremos del súper doctor. Son nuevas figuras que muchos asocian al mito del centauro, en el que confluyen lo mejor del intelecto humano con la fuerza del caballo. En el caso del manejo de un gemelo digital de una parte de nuestro cuerpo, el profesional médico, porque así lo dice la legislación, tiene la última palabra. La IA, por su parte, le ayuda a tomar decisiones más rápido y con menos errores”. 

En otros terrenos, el apoyo de la IA también será decisivo. “Todo lo relacionado con el medioambiente; la modelización del clima, el perfeccionamiento de los modelos predictivos… Los eventos son extremos y bruscos. Acabamos de vivirlo con la DANA. El potencial para hacer una simulación previa no dejará de ganar relevancia. A escala empresarial, el cambio está al nivel de las grandes revoluciones industriales de la historia, pero la IA -insiste el catedrático- seguirá evolucionando y mejorando en sus recomendaciones. A la hora de conseguir una educación personalizada, un buen sistema de IA ayudará al profesor a tratar al alumnado en función de sus distintas capacidades”. Herrera opina sobre uno de los prejuicios más comunes alrededor de estos avances: “La IA no viene a sustituir a nadie, sino a colaborar”. 

Las trabas de la Smart City

Capítulo aparte merece la Smart City, con sus luces y sus sombras. “La ciudad inteligente no prosperó porque, para ser una realidad, necesita ingentes cantidades de información y una plataforma de datos que extraiga valor real. Solo con una visión integral es posible una gestión de la ciudad más eficiente”, asegura Francisco Herrera, que durante dos años (2021-2023) ocupó la concejalía de “Ciencia, Innovación y Ciudad Inteligente” en el Ayuntamiento de Granada, y que desde 2020 asesora al Gobierno de España en IA. 

Francisco Herrera, durante su intervención en la jornada. Imagen: Fundación Ramón Areces.

“Con la Smart City se empezó la casa por el tejado”, continúa. “Incluso hoy, con la tecnología disponible (una buena sensórica es fundamentla), la mayoría de las capitales de provincia carecen de una plataforma de datos. Existen acciones aisladas: control de semáforos, ruido, alumbrado, análisis del flujo de personas en un barrio turístico… El problema es que cada una de esas herramientas es obra de una empresa distinta, con una nube propia. El ayuntamiento no es el propietario real de los datos. Así, es muy difícil construir un nuevo modelo de ciudad”. 

Una paradoja vital

Antes de que tenga lugar el abrazo entre IA y computación cuántica -“aún queda mucho para eso, no me atrevo a hacer una previsión”- Francisco Herrera cree que hay grandes retos a los que dar respuesta. “Las grandes tecnológicas coinciden: en la década de los 30 alcanzaremos la IA General, que igualará o superará a la inteligencia humana. Seguiremos sin hablar de emociones o imaginación, pero entraremos en una nueva fase”.

En este punto entra en escena la tesis del premio Nobel de Economía 2024, Daren Acemoglu, defensor de la augmentation frente a la automation para extraer lo mejor de las capacidades humanas en los ámbitos donde cooperemos con la IA. “Lo relevante es cómo las máquinas nos pueden hacer más productivos situando al humano en el centro. Esa mayor productividad haría crecer la economía global. Supondría un beneficio para la sociedad en su conjunto: más dinero en las arcas públicas; un reequilibrio. Pensemos en que las personas cuyo trabajo ya no sea necesario, tendrían garantizada una renta mínima o algún tipo de prestación”. 

El humano en el centro

¿Puede entonces la IA ser la salvaguarda del desarrollo económico? “Creo que es la única manera de evitar un escenario problemático. Solo automatizando tareas con menos personas la economía no va a crecer. Sin embargo, la demanda social de servicios no cesará de incrementarse. ¿Cómo vamos a pagarlo? Bien dirigido el tiro, la IA nos ayudará a resolver desafíos a todos los niveles: científico, financiero, médico, operativo, medioambiental. Eso sí, las personas deben protagonizar la ecuación asistidos por una IA democrática, innovadora e inclusiva. Dentro de no tanto, nuestros teléfonos podrán estar ‘equipados’ con pequeños modelos de IA, abiertos, capaces de llevar a sitios inexplorados una economía de pymes como la española”. 

Todo este entramado exige a su vez estar a la altura en otro de los grandes retos que presenta la IA: el talento. “Necesitamos cubrir una gran demanda con profesionales bien formados; poseedores de conocimiento profundo en matemáticas e informática, así como en las áreas STEAM en general. Los modelos de IA son cada vez más complejos. Cuidado con los que prometen convertirnos en expertos en un curso de 6 meses”, advierte Francisco Herrera sobre la creciente banalización de la formación en nuevas tecnologías. 

“La IA siempre debe estar regida por el bien común”

Defensor de la regulación en inteligencia artificial que ha convertido a Europa en un espacio de garantías, Francisco Herrera cree que no hay que bajar la guardia ni un segundo ante el problema de la desinformación provocado por el mix de IA y redes sociales. “La democracia está en juego. Como indica el filósofo Mark Coeckelbergh, la IA siempre debe estar regida por el bien común”.

Así las cosas, ¿qué parte de la victoria de Donald Trump hay que atribuirle a las redes? “Toda. Pensábamos que Elon Musk compraba Twitter (X) como un capricho más. Queda claro que la decisión era parte de un plan bien trazado. Sin él, estoy seguro de que Trump no hubiera ganado”. 

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