La colaboración entre ciencia y empresa sufre la limitada implicación del sector privado en la investigación. Se trata de uno de los desafíos que urge encarar para que España y Portugal puedan absorber de un modo eficiente las nuevas líneas de fondos del Plan de Recuperación de la UE. Así lo recoge ‘Investigación e Innovación en España y Portugal’, título del último dossier publicado por el Observatorio Social de Fundación la Caixa, presentado el pasado viernes en Madrid.
Un primer apartado del documento atiende a los recursos humanos para la investigación. Como explica Laura Cruz Castro, investigadora del CSIC -autora del estudio junto a Luis Sanz, también del CSIC, y los investigadores portugueses Tiago Santos y Cláudia Sarrico- España necesita una visión de futuro para determinar dónde son más necesarios los investigadores y prepararlos durante años huyendo de improvisaciones.
El crack de 2008
“A día de hoy, España tiene pocos investigadores en relación a su tamaño y peso en la UE”, añade Luis Sanz. El investigador, coordinador del dossier, recuerda que España y Portugal vivieron situaciones de partida similares a la hora de abrazar de manera más decidida la investigación tras décadas hostigadas por regímenes políticos autoritarios. La entrada en la Unión Europea permitió mitigar déficits históricos en los años 80, 90 y primeros 2000.
Ese intenso crecimiento en la incorporación de investigadores al mercado se ha frenado en España desde el año 2008 de manera muy significativa. “Es evidente que los efectos de la gran crisis financiera detuvieron el proceso de convergencia en materia de I+D. Aunque asistimos a una lenta recuperación, el ritmo es menor que en otros países en cuanto a número de investigadores como Portugal, Grecia o Alemania”, detalla Laura Cruz Castro.
Por lo tanto, la contribución de investigadores de España a Europa ha pasado de representar más del 10 % del total en 2008 a no llegar al 8 %, pese a que somos el 10,5 % de la población de la UE y nuestra economía representa el 9 % del conjunto europeo.
Poco calado STEM
Un problema asociado a este bajo porcentaje tiene que ver con que sólo un 24 % de los graduados españoles lo es en una de las disciplinas STEM, las llamadas a marcar la empleabilidad del futuro. “Somos el país que menos graduados en estas áreas produce. No estamos demasiado lejos de la media europea (28 %), pero sí del 37 % de Alemania, el 33 % de Finlandia y Grecia o incluso del 29 % de Portugal”.
El estudio marca como principal reto aumentar el número de investigadores que trabajan en el sector privado, dado que la I+D en la empresa impulsa la innovación. España tiene una proporción menor de investigadores en función de su población ocupada. Si la media en la UE es de 9 investigadores trabajando a jornada completa por cada 1.000 habitantes, en España son apenas 6. El país solo está por delante de Italia y lejos de los casi 15 investigadores de Finlandia, los 12 de Austria o los 11 de Francia.
Precariedad
Esto se debe a que, tradicionalmente, el sector público de la investigación se ha caracterizado por unas condiciones laborales más estables. Sin embargo, la creciente precariedad de los puestos de trabajo para investigadores posdoctorales en el mundo académico implica que las oportunidades fuera de este ámbito pueden brindar mejores perspectivas.
“Pasa demasiado tiempo desde la obtención de un doctorado hasta lograr la estabilidad de un contrato indefinido o una plaza de funcionario público”, apunta Laura Cruz Castro. Sin embargo, el estudio se detiene en la cuestión de la temporalidad desde una perspectiva original. “Bien manejada, la temporalidad no debería influir en estas deficiencias. En países de nuestro entorno, que disponen de mayores niveles de financiación competitiva, destinada normalmente a proyectos, y que tienen más éxito en la obtención de fondos europeos, predominan los contratos temporales asociados a la consecución de proyectos. Otra cosa son los niveles retributivos, pendientes de análisis”, asegura la investigadora del CSIC.
Cambiar tendencias
Pero el estudio insiste en que la mayor debilidad del sistema nacional de I+D está en el sector empresarial. “Las empresas españolas gastan poco en I+D y contribuyen con pocos investigadores al tejido innovador e investigador del país. Menos de la mitad que los franceses y no llegan a un tercio de lo que gastan en Alemania o Austria”, detalla Cruz Castro.
En España, la aportación del sector privado en número de investigadores apenas es del 40 %, mientras que la media de la UE es del 60 %. “En estos análisis de RRHH de la investigación y la oferta y la demanda, hay que mirar a las empresas. Ellas pueden expandir la demanda y multiplicar el empleo. Además, el conocimiento que formamos con el esfuerzo de todos, instalado en más entornos puede impulsar la innovación y generar un mayor bienestar social”, asegura la investigadora del CSIC.
Evitar una nueva fuga de cerebros
El estudio confirma que incrementar el número de investigadores empleados en el sector privado resulta evidente al constatar que la inversión empresarial en I+D (BERD) como porcentaje del PIB en España equivale aproximadamente a la mitad de la media de la EU-27. E incluso la media de la EU-27, que representa el 1,67% del PIB, es muy inferior a la de los principales competidores de Europa, como Estados Unidos (2,05 %) y Japón (2,60 %).
“Es importante reforzar las políticas centradas en la demanda para mejorar la base de conocimientos de la economía”. Si la crisis de 2008 derivó en una fuga de cerebros de investigadores formados en España, las políticas de recuperación, activadas con la pandemia del COVID-19, son una oportunidad para afrontar el contexto de una manera radicalmente distinta. “No se pueden repetir los recortes de entonces”, afirma Luis Sanz. El investigador detecta esta vez síntomas de estabilidad en la estrategia. Y aunque la inversión en I+D es mejorable, los Presupuestos y los planes primero de Pedro Duque y ahora de Diana Morant al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación así lo confirman.
Vínculos ciencia – empresa
El dosier Investigación e innovación en España y Portugal, incluye un segundo estudio: “Los vínculos ciencia-empresa en España y Portugal: ¿un potencial de innovación sin explotar?”. Este apartado ha sido elaborado por Manuel Mira Godinho y Joana Mendonça (Universidade de Lisboa), José Guimón (Universidad Autónoma de Madrid) y Catalina Martínez (IPP-CSIC).
El informe evidencia que los vínculos entre ciencia y empresa en España son más débiles que en otras economías más avanzadas de la Unión Europea. “Si miramos a las empresas, el problema de España es su estructura productiva, que lleva a que la demanda de doctores sea limitada en todas las disciplinas. Estas oportunidades laborales reducidas provocan la exportación del talento”, detalla Catalina Martínez.
El porcentaje de trabajadores que se dedica a actividades intensivas en conocimiento en España es menor que en otros países. En Finlandia, el porcentaje es del 16 % y en España poco más del 12 %. La media europea es del 14 %. Solo el 4 % de los trabajadores en España se emplean en industrias de alta o media tecnología. En Alemania es más del doble.
Mirar hacia la universidad
Otro dato destacado por Martínez en referencia a la baja intensidad de la empresa en conocimiento es la escasa financiación empresarial de proyectos de investigación en las universidades. “No sólo estamos una vez más lejos de países como Alemania. Lo llamativo del dato es ver cómo estas las inversiones han descendido desde 2007 (un 10 %) hasta 2018 (solo un 5 %). Es decir, apenas 5 euros de cada cien invertidos en I+D en la universidad proceden del sector privado. El resto es asumido con fondos públicos”.
El estudio incide de nuevo en que el apoyo público a la investigación es muy importante en España. “El porcentaje de patentes solicitadas por universidades y organismos públicos de investigación está por encima de la media europea, pero si nos detenemos, el que a priori podría ser un dato positivo, no lo es tanto. Supone que las solicitudes a la Oficina Europea de Patentes en España es el 15 % y en Alemania el 5 % del total. En otros países las empresas tienen más peso”.
Dinámicas positivas
Esto lleva, según los autores del documento, a que sectores claves y punteros, como las tecnologías digitales o la salud, avancen en España, pero no al mismo ritmo que en países de nuestro entorno. Tampoco salimos bien parados en publicaciones científicas colaborativas, ejemplos de ciencia abierta y del trabajo conjunto investigación-empresa. 50 por cada millón de habitantes frente a los 150 de media en la UE, las 200 de Alemania o las 250 de Austria.
“La transferencia de conocimiento, los vínculos entre industria ciencia y empresa son primordiales”, asegura Catalina Martínez. “Debemos reforzar esa colaboración y aprovechar la capacidad de las empresas para captar y desarrollar innovación y mejorar los indicadores actuales”.
Entre las buenas noticias que recoge el estudio, los investigadores destacan los esfuerzos y mejoras en igualdad de género o las políticas de movilidad que permiten carreras investigadoras híbridas con el lanzamiento de programas como Torres Quevedo. “Necesitamos que las empresas entiendan estas demandas y faciliten la acogida de investigadores que contribuyan con sus propias estrategias al desarrollo de las corporaciones”.