Un equipo de investigadores liderados por Diego Garate Maidagan y María Ángeles Medina Alcaide, ambos del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), ha realizado, por primera vez, una caracterización de los principales sistemas de iluminación del Paleolítico (antorchas, lámparas de grasa y hogueras) a través de observaciones empíricas y arqueología experimental utilizando una cueva natural como laboratorio.
La investigación comenzó con la revisión de todos los datos disponibles sobre restos de combustión en cuevas con arte paleolítico. “Trabajar en cavidades como Nerja, Chauvet, Lascaux o Atxurra, donde la oscuridad es total, nos ha hecho plantearnos cuáles eran los sistemas de iluminación empleados por los grupos paleolíticos para adentrarse en ellas, deambular de manera segura y plasmar su arte”, explica a Innovaspain Medina Alcaide.
Posteriormente, se realizaron experimentos en el interior de una cueva natural sin restos arqueológicos. Un escenario en el que llevaron a acabo diferentes ensayos de los sistemas de iluminación de los que se han obtenido diversos parámetros como la duración, luminancia, intensidad, radio de acción o temperatura de color de cada una de las herramientas de iluminación que se empleaban durante el Paleolítico.
Según detalla Medina Alcaide, el arte paleolítico no es como lo percibimos ahora, y estos datos “nos permiten recrear virtualmente cómo lo veían realmente nuestros antepasados”. Además, la investigadora del IIIPC destaca que “la iluminación artificial fue un recurso físico crucial para expandir comportamientos sociales y económicos complejos en los grupos paleolíticos, especialmente para el desarrollo de las primeras exploraciones paleoespeleológicas y para el inicio del arte en cuevas”.
Arranque y aplicaciones
El trabajo emana en gran parte del proyecto de tesis doctoral presentado por Medina Alcaide en la UPV/EHU en enero de 2020, doctorado financiado por un contrato predoctoral FPU (Agencia Estatal de Investigación). Asimismo, el estudio ha sido incluido y financiado dentro del proyecto de investigación nacional Before-Art, dirigido por Diego Gárate. El investigador destaca la relevancia de los datos obtenidos. “La comunidad científica ha estado esperando obtener esta información numérica para la aplicación óptima de los SIG en el interior de cuevas y otros lugares de oscuridad total”.
Medina Alcaide apunta que, además del desarrollo de estudios que incluyan tecnología SIG, el proyecto habilitará estudios de tránsito paleo-espeleológico, de visibilidad del arte paleolítico, tiempos de ejecución del mismo o ‘costes económicos’. “En definitiva, buscamos avanzar para una mejor comprensión del arte paleolítico en las cuevas”.
Según la investigadora, hoy día el estudio de las cuevas con arte paleolítico se desarrolla de manera integral. “Esto permite el estudio de otros tipos de restos más allá de manifestaciones gráficas, como serían los de estos sistemas de iluminación. Nuestra información también mejoraría la calidad de las réplicas virtuales de las cuevas paleolíticas. Ahora podrán ser iluminadas con parámetros obtenidos a base de datos arqueológicos y experimentales”
Mayor conocimiento de las antorchas paleolíticas
Entre las contribuciones del estudio está la de profundizar en el conocimiento de las antorchas paleolíticas, poco estudiadas hasta ahora. Las pruebas evidenciaron que el material ideal para que la luminancia, intensidad y duración fueran mayores era la madera seca. Se comprobó que, mediante movimientos bruscos y rápidos, por oxigenación, era posible volver a encenderlas sin necesidad de acercarlas al fuego tras las primeras extinciones ocasionales. Los ensayos también demostraron que son el mejor sistema de iluminación para transitar espacios amplios y explorar cuevas debido a que proyectan luz en todas direcciones y por ser fáciles de transportar.
Testaron también que las antorchas liberan carbón a medida que se consumen. Esto hace innecesario golpear la pared para eliminar el desperdicio. Así, las marcas parietales negras que aparecen en las cavidades estarían relacionadas con marcas intencionadas o por impactos involuntarios. Entre sus principales desventajas estaría el que favorecen la producción de humo.
En las simulaciones, los restos de combustión obtenidos fueron “muy similares” a los encontrados en las cuevas arqueológicas: carbón vegetal en las superficies horizontales y marcas negras en paredes y techos.
Adicionalmente, descubrieron que las lámparas de grasa son el recurso de iluminación idóneo para uso en espacios pequeños durante un periodo prolongado. En este caso, la intensidad de luz es similar a la de una vela. Se trata de un sistema que no permite un tránsito cómodo por la cueva ya que deslumbra a la persona que porta la lámpara y no ilumina bien el suelo por proporcionar un halo semicircular.
Por último, los experimentos que replicaban las hogueras revelaron una producción de humo tal que, si el espacio está cerrado o hay poca ventilación, puede resultar asfixiante e incompatible con la presencia humana.
Medina Alcaide asegura que la gestión del humo para una óptima estancia en el la cueva fue el precisamente el punto más delicado a la hora de abordar la investigación. “Sobre todo la cantidad de gases que produjeron algunos sistemas de iluminación, especialmente el pequeño fuego”. La investigadora del IIIPC añade que fue relativamente complejo y requirió tiempo de aprendizaje el modo de fabricación de las antorchas, siguiendo los datos arqueológicos, para un apropiado funcionamiento.
Visión mesópica
Las pruebas realizadas muestran que los sistemas de iluminación del Paleolítico proporcionarían una visión mesópica o intermedia. Esto confirma que la percepción visual humana subterránea se relacionó menos con el color que con el contraste entre áreas iluminadas y no iluminadas, y el juego de luces y sombras.
A su vez, estas condiciones favorecían que se pudieran percibir algunos colores de longitud de onda larga (rojo, naranja y amarillo). Los resultados confirman algunas implicaciones interesantes para la Cueva de Atxurra. En ella se observa que los paneles decorados serían apenas perceptibles desde las partes inferiores de la galería, independientemente de que se llevaran antorchas o lámparas. Sin embargo, las hogueras parecen estar dispuestas estratégicamente ya que iluminan todo el espacio decorado. Los accesos para llegar a este sector decorado también se pueden iluminar mediante antorcha. No parece casualidad que las rutas óptimas estimadas para acceder a este espacio estén cubiertas de carbones esparcidos (seguramente caídos de las antorchas utilizadas en el período magdaleniense).
Los parámetros de cada sistema de iluminación habrían condicionado la elección de uno u otro sistema en función de las características del espacio subterráneo a recorrer, su volumen y nivel de ventilación, así como la duración y tipo de actividad a realizar.
En cualquier caso, desde el IIPC concluyen que los experimentos sobre la iluminación del Paleolítico apuntan a una planificación previa compleja en el uso humano de las cuevas en este período y ponen de manifiesto la importancia de los estudios de iluminación para desentrañar las actividades realizadas por nuestros antepasados en las zonas profundas de las cuevas.